Pensadero de P.L.K.

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Mensaje por Patrick L. Knnox el Jue Ago 11, 2011 10:13 am

Capitulo 1
SECRETILLOS

Soy Patrick, pero hace 43 años era Liam, el brillante alumno de quinto grado en Durmstrang.
Por supuesto que en aquél destello de brillantez, también influía la posición económica de nuestra familia y la maravillosa predisposición de mi padre a ayudar, apoyar y cooperar con el entonces director.
Él era feliz aportando dinero y materia al colegio en el que sus dos hijos estudiaban y se codeaban con los hijos de otros importantes empresarios de la región oriente de Europa.
Para el Señro Knnox, era de suma importancia que sus hijos se hicieran rodear de gente tan pura y digna como ellos.
Esa fue la educación que recibí en el seno de mi hogar: Respetar la pureza.
Mi ingreso al colegio y mi paso por los cursos fue lo que me hizo refirmar las creencias familiares sobre la incorruptibilidad del estatus de la sangre mágica. Mientras que en Durmstrang todos mis compañeros gozaban de prestigio y pureza, en Beauxbatons y en Hogwarts hijos de muggles y mestizos llenaban los salones de clases.
Mi concepto de perfección estaba en Durmstrang, en el comedor, en los dormitorios, en sus jardines llenos de jóvenes promesas, mujeres y hombres con la frente alta y orgullosa.
No podría imaginar el desaliño de un hijo de muggles, falto de modales y educación, mezclado con alumnos de sangre pura, chismoseando y comportándose como si fueran dignos de tener un lugar entre ellos y paseándose por los pasillos del colegio noruego.
Ese era mi boggart…
Cuando llegué al quinto curso, mi hermano se fue a viajar por el mundo, con su parte de fortuna y completamente apoyado por nuestro padre, qué suerte tuvo de no estar en Durmstrang para ver cómo, por primera vez, una sangresucia pisaba nuestro castillo.
Mi padre no pudo contenerse y unido a otros importantes jefes de familia, protestaron ante el director y el cuerpo magistral de Durmstrang, pero ellos se defendieron alegándo que no podían hacer nada, que el Ministerio los había obligado a aceptar a la chica.
Ella había estado estudiando en Beauxbatons, pero ante la oleada de terror que se vivía en Francia y el asesinato de su madre, una muggle, su padre, un mago noruego, decidió trasladarla a Noruega y hacerla entrar al cuarto curso, que era el que le correspondía.
Comenzó el curso y además de hacerla menos por ser sangresucia, muchos la discriminaban por su nacionalidad. Pensaban que aún si su sangre hubiese estado incorrupta, no era merecedora de ocupar un lugar en Durmstrang, por el simple hecho de ser francesa.
-Tonterías- pensaba yo, a sabiendas de que yo tampoco era noruego.
"Liam, el irlandés"
Pero Ezra y yo no éramos irlandeses, éramos alemanes nacidos en Irlanda; por mi parte, a pesar de ser mi lengua materna, de niño tuve dificultades para hablar el perfecto inglés de mi madre, mi alemán era fluido y mi acento muy marcado y eso no hacía más que demostrar que mi nacionalidad no era otra que la germana. Mi porte y figura lo confirmaban cada vez más mientras pasaban los años.
A los quince mi apariencia era diferente, mi cuerpo era delgado, aunque mis hombros eran anchos -como los de todo hombre poderoso, decía mi madre- y mi estatura era pocos centímetros menos a la que tengo actualmente. Creo que dejé de crecer a los dieciocho.
No sé cómo lo supo, pero a las pocas semanas ella ya me decía así, "Liam, el irlandés", algo había en mi que le inspiraba confianza y cierta fascinación, me seguía por todos lados y provocó que varios de mis amigos prefirieran guardar distancia conmigo.
Era una verdadera maniática. No se callaba jamás, mientras caminaba detrás de mí hablaba sobre las cosas del mundo muggle, sobre por qué deberíamos aceptar todos sus inventos, sus oficios y demás locuras incomprensibles. Eso en parte por su terrible pronunciación…
No me di cuenta de cómo fue, pero llegó un momento en el que estaba liado con ella.
Cuando digo “liado” no me refiero a una romance, favor de no pensar mal, sino que más bien me detenía y la miraba y a veces hasta le contestaba y me reía de sus tonterías.
Entonces me ví obligado a aprender oclumancia, fue algo extraordinariamente sencillo para mí, posiblemente porque la necesité desesperadamente para evitar que mi padre se enterara de todas las veces que le había sonreído y hablado a esa chiquilla, que sabía lo harían enfurecer más que… no sé, más que el ser más furibundo de la tierra…


CONTINUARÁ
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Patrick L. Knnox
Director de Durmstrang
Profesor de Criaturas Mágicas
Neo-Mortífago

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